Hiperestimulación digital en Generación Z: Consecuencias cognitivas y emocionales del uso intensivo de redes sociales
Por: Psic. Ximena Galván Osorio| 01 de julio de 2026
A lo largo de los años hemos tenido que acoplarnos a diversos cambios tanto a nivel social, estructural e incluso tecnológico; estos cambios traen consigo beneficios como consecuencias, aunque cabe recalcar que esto no significa que algo en sí sea malo o perjudicial, sino que implica que debe existir una regulación y un buen manejo de ellas.
Uno de estos cambios ha sido la creación e implementación de internet; internet fue creado en la década de 1960, esto se debió a que se buscaba la creación de un proyecto militar estadounidense llamado ARPANET, el cual tenía como fin proporcionar comunicación en conflictos o guerras.
Para que internet llegara a ser lo que conocemos hoy en día tuvieron que pasar varios años; al mismo tiempo las redes sociales también evolucionaron, iniciando desde mensajería básica hasta las aplicaciones que son actualmente. El auge de las redes sociales tomó mucha más fuerza a raíz de la pandemia de COVID-19 suscitada en 2020, debido a que estas se convirtieron en un pilar fundamental de la comunicación y, sobre todo, del entretenimiento.
Cabe recalcar que la Generación Z o centennials (nacidos entre 1997 y 2010) son conocidos como los "nativos digitales", ya que tuvieron y tienen un mayor acceso a las redes sociales, convirtiéndose así en su principal medio de información y entretenimiento. Es innegable que las redes se han convertido en una herramienta primordial para las generaciones actuales, pero a la vez se han transformado en un obstáculo directo en aspectos de salud en general, esto derivado de un mal uso de estas.
Por otra parte, la hiperestimulación digital hace referencia al exceso de información sensorial y cognitiva al que estamos expuestos cada día; en este caso son los estímulos derivados de las redes sociales, ya que lo que resultaba un medio de comunicación se ha convertido poco a poco en un flujo constante de estímulos.
Una de las mayores problemáticas asociadas al mal manejo de las redes sociales se debe al abuso persistente en el uso de estas. Según el doctor Jesús Porta-Etessam: "Diversos estudios apuntan a que un tiempo saludable de utilización de las redes sociales no debería exceder los 30 minutos, mientras que una dedicación superior a dos horas diarias se consideraría abuso e incrementaría significativamente el riesgo de problemas mentales y cerebrales". Este abuso de las redes sociales da pauta a que se desencadenen más problemas de salud; incluso puede provocar alteraciones en el sueño, por lo tanto interfiere y representa una problemática real en nuestra vida diaria, puesto que nuestro rendimiento disminuye, lo que podría incluso incrementar el riesgo de padecer trastornos mentales.
Aunado a esto, numerosas investigaciones en psicología cognitiva han demostrado que los seres humanos poseen una capacidad finita de atención sostenida y sólo pueden mantener el enfoque en una tarea o estímulo específico durante un tiempo limitado. Esta capacidad no es fija y varía según diversos factores, como la naturaleza de la tarea en sí y factores individuales como el interés, la motivación y la experiencia personal (Chun et al., 2011; Oberauer, 2019). Asimismo, es importante conocer que estas plataformas se caracterizan por usar formatos de vídeos cortos, lo que resulta en que estos estímulos rápidos pueden reducir el tiempo de atención sostenida; en otras palabras, por eso cada vez es más frecuente que la capacidad de retener nuestra atención ante estímulos prolongados sea mucho más escasa, e inclusive conseguir retener la atención por tiempos más prolongados comienza a requerir estímulos de manera constante para conseguir mantener el interés en lo que se está realizando.
Como resultado de estas alteraciones en procesos como la memoria se puede desarrollar deterioro cognitivo, aunque cabe recalcar que "El deterioro cognitivo no es una afección médica" (Boulos, s.f.). El deterioro cognitivo está estrechamente relacionado con el uso de la tecnología. "Cuando uno está constantemente escaneando, cambiando y reaccionando, en lugar de consolidar la información o procesarla profundamente, el cerebro puede entrar en un estado de sobreestimulación cognitiva y fatiga mental" (Boulos, s.f.).
Asimismo, es primordial mencionar que el deterioro cognitivo puede deberse a la afectación de algún o algunos procesos cognitivos como la memoria, el aprendizaje, la atención, la percepción, además de que puede perjudicar al control inhibitorio; siendo así se tiene una menor capacidad para controlar impulsos.
Es importante recalcar que todo esto también tiene explicaciones biológicas y funcionales, esto como consecuencia del uso excesivo de las redes sociales. Al estar por tiempos prolongados en ellas se libera dopamina, lo cual puede alterar el circuito de recompensa, y por lo tanto, cuando el cerebro se encuentra recibiendo estímulos de forma constante, los receptores de dopamina pueden saturarse, por lo que la sensación de satisfacción se reduce y por consiguiente se busca obtener más estímulos.
Además de esto, algunos estudios mencionan que el uso de las redes sociales puede incrementar el estrés, lo que a su vez incrementa los niveles de cortisol en el cuerpo, por lo que impide la regulación de azúcar en la sangre. Así mismo se pueden provocar trastornos del sueño derivado de la exposición a las pantallas y luces, esto provoca la reducción de melatonina; la hormona encargada de regular el sueño.
Por lo que se refiere a algunas otras dificultades, también pueden existir problemas derivados como consecuencia de la activación simpática; debido a esto se puede frenar la digestión, aunado a que puede provocar hinchazón y malestar. Incluso se puede ver afectado el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, provocando desequilibrios hormonales.
El uso de las redes sociales por tiempos prolongados puede provocar que tengamos la sensación de desconexión con el mundo, por lo tanto puede provocar aislamiento; además de que puede causar baja autoestima generada por la constante comparación de lo que se ve en redes.
Por otro lado, con este análisis de cómo la tecnología puede afectar la función cognitiva no se busca prohibir su uso, sino más bien que se haga un uso responsable de las redes sociales; es importante que gestiones tu tiempo en ellas, o inclusive comenzar a sustituir el contenido por vídeos más prolongados e informativos. Incluso si quieres hacer uso de Inteligencia Artificial, utilízala como un apoyo de retroalimentación. No se trata de que las redes sociales desaparezcan, ya que son herramientas de entretenimiento y comunicación, pero no tu vida; no desaparezcas de ellas, pero es importante no perdernos en estas, y sobre todo saber que es importante priorizar nuestro bienestar, así como nuestra salud física y mental.
Anónimo. (2026, mayo 30). Los videos cortos de redes sociales afectan la atención de jóvenes. InformadorMx. https://www.informador.mx/estilo/confirmado-los-videos-cortos-de-tiktok-instagram-y-redes-sociales-afectan-la-atencion-de-jovenes-20260526-0120.html
Boulos, K. (2026, marzo 17). ¿El uso excesivo del móvil te está provocando deterioro cerebral?. UH Hospitals. https://www.uhhospitals.org/blog/articles/2026/03/is-scrolling-giving-you-brain-rot
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IM Médico. (2026, febrero 9). El uso excesivo de redes sociales se asocia a un mayor riesgo de ansiedad y deterioro cognitivo. IM Médico. https://www.immedicohospitalario.es/noticia/55063/el-uso-excesivo-de-redes-sociales-se-asocia-a-un-mayor-riesgo-de-ansie
Montag, C., & Markett, S. (2023). Uso de redes sociales y fallos cognitivos cotidianos: investigación de la relación entre el miedo a perderse algo y el trastorno por uso de redes sociales. BMC Psychiatry, 23, 872. https://doi.org/10.1186/s12888-023-05371-x
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Robinson, L. (2026, abril 1). Las redes sociales y la salud mental. HelpGuide. https://www.helpguide.org/es/problemas-de-la-adolescencia/las-redes-sociales-y-la-salud-mental
Shanmugasundaram, M., & Tamilarasu, A. (2023). The impact of digital technology, social media, and artificial intelligence on cognitive functions: a review. Frontiers in Cognition, 2. https://doi.org/10.3389/fcogn.2023.1203077
Estimulación Magnética Transcraneal: evidencia actual como alternativa terapéutica en depresión resistente al tratamiento.
Por: Psic. Ximena Galván Osorio| 27 de junio de 2026
En los últimos años se ha dado una mayor difusión a las problemáticas de salud mental debido al incremento en la prevalencia de diversos trastornos. Esto ha despertado un gran interés en la sociedad, planteando interrogantes fundamentales sobre cómo se originan estos padecimientos, cuáles son sus causas y qué alternativas terapéuticas existen para lograr que interfieran lo menos posible en la calidad de vida de las personas.
Una de las enfermedades más estudiadas en la actualidad es la depresión. Debido a su alta prevalencia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que alrededor de 300 millones de personas en el mundo la padecen, convirtiéndola en una de las principales causas de incapacidad a nivel mundial. Al ser una enfermedad grave, impacta profundamente en la cotidianidad del consultante, provocando alteraciones en el sueño o la alimentación, así como la pérdida de interés en las actividades diarias o placenteras. Su origen no responde a una causa única, sino a una compleja combinación de factores sociales, genéticos, psicológicos, biológicos y ambientales.
Existe sólida evidencia científica de que el riesgo genético surge de la interacción entre la predisposición hereditaria y los factores ambientales. Aunque contar con antecedentes familiares incrementa las probabilidades de desarrollar depresión, esto no es determinante; el trastorno también puede presentarse en personas sin historial familiar. Asimismo, es fundamental considerar que la sintomatología, gravedad, duración y frecuencia de los episodios varía por completo en cada consultante.
Desde la perspectiva neurobiológica, la depresión suele vincularse con un desequilibrio en los neurotransmisores cerebrales, particularmente la serotonina, la norepinefrina y la dopamina. Por esta razón, en muchos casos es necesario complementar el proceso psicoterapéutico con un tratamiento farmacológico. Los antidepresivos actúan modificando el metabolismo cerebral de estas sustancias y deben ser prescritos exclusivamente por un médico psiquiatra, quien determinará el medicamento y la dosis adecuada evaluando los posibles efectos secundarios a corto o largo plazo.
El principal obstáculo en el tratamiento farmacológico es la denominada "depresión resistente". Clínicamente, esta resistencia se establece cuando un consultante no presenta mejoría tras haber seguido un tratamiento con dos clases diferentes de antidepresivos, administrados en dosis terapéuticas completas durante más de seis semanas (Gattaz, 2019; citado por Turbiani, 2019). Se estima que hasta un 30% de los pacientes bajo atención médica por depresión no responden adecuadamente a los fármacos iniciales, lo que obliga a indagar en factores genéticos e individuales (Galicia et al., 2023).
Una de las explicaciones biológicas para esta resistencia radica en la variabilidad individual respecto al destino del medicamento dentro del organismo. Expertos en la materia señalan que estas diferencias comienzan desde el sistema digestivo (estómago e intestino), el cual determina los niveles de absorción hacia el torrente sanguíneo. Dado que el objetivo final de los antidepresivos son las conexiones sinápticas y la regulación de neurotransmisores —cuya producción natural varía de persona a persona—, el fármaco no genera el mismo impacto en todos los cuerpos. Ante este panorama, la ciencia médica y la psicología han sumado esfuerzos para buscar alternativas terapéuticas efectivas.
Una de las opciones tecnológicas y clínicas que ha ganado mayor respaldo científico por su alta eficacia es la Estimulación Magnética Transcraneal (EMT). Se trata de un método neuromodulador no invasivo, indoloro y de bajo riesgo. El procedimiento consiste en estimular áreas específicas de la corteza cerebral —particularmente la Corteza Prefrontal Dorso Lateral (CPDL)— mediante una bobina o electrodo colocado sobre el cuero cabelludo que genera un campo magnético artificial de baja intensidad.
Al entrar en contacto con el tejido cortical, este estímulo magnético se transforma en microcorrientes de energía eléctrica que activan las células nerviosas y restablecen su funcionamiento óptimo (Mendoza Velásquez, 2019; citado por Olguín et al., 2019). Dado que los pulsos alcanzan una profundidad controlada de entre 1.5 y 3 centímetros por debajo del cráneo, la estimulación es sumamente focalizada, reduciendo significativamente la probabilidad de efectos secundarios generalizados. Esta terapia, cuyos orígenes se remontan a 1985 con las investigaciones de Anthony Barker, ofrece la enorme ventaja de no requerir anestesia, sedación ni hospitalización.
El protocolo estándar de la EMT se organiza en sesiones diarias de aproximadamente 30 minutos, aplicadas cinco días a la semana durante un periodo de cuatro a seis semanas, dependiendo del criterio del médico especialista. Este tratamiento puede —y se recomienda— llevarse a la par de un proceso de acompañamiento psicológico.
En cuanto a su eficacia clínica, los datos demuestran que la EMT logra mejorar significativamente la sintomatología en aproximadamente el 50% de los pacientes con depresión resistente, y más del 30% alcanza la remisión total del episodio. Su efectividad es notablemente alta en cuadros de episodios depresivos leves y depresiones no psicóticas. Además, cuando se trabaja de manera transdisciplinaria junto con la psicoterapia, las tasas de éxito se elevan y las probabilidades de recaída disminuyen de forma drástica.
Actualmente, el uso de la EMT no se limita a la depresión persistente; también se emplea en el tratamiento del Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), Trastorno Bipolar y en condiciones neurológicas como la fibromialgia o el dolor neuropático. A pesar de sus beneficios, cuenta con contraindicaciones estrictas: no puede ser administrada en mujeres embarazadas, personas con antecedentes de epilepsia o consultantes que posean dispositivos electrónicos o placas metálicas en la cabeza o el torso (como marcapasos). En conclusión, la Estimulación Magnética Transcraneal representa una alternativa terapéutica viable, segura y respaldada por la ciencia para transformar el pronóstico clínico y mejorar la calidad de vida de los consultantes.
Allen, M. (2025, 9 de junio). Weighing the Pros and Cons of TMS Therapy for Depression. Cognitive FX. https://www.cognitivefxusa.com/blog/pros-and-cons-of-tms-therapy
Belarrinaga, B. (s.f.). Estimulación magnética transcraneal contra la Depresión. Neuroekin. https://neuroekin.com/estimulacion-magnetica-transcraneal-contra-la-depresion/
Instituto de Fisiología Celular. (2022, 4 de abril). La estimulación magnética transcraneal podría incitar la memoria. IFC UNAM. https://ifc.unam.mx/noticia.php?id=5662
National Library of Medicine. (2002, 22 de abril). Estimulación magnética transcraneal para el tratamiento de la depresión. NIH. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11964293/
National Library of Medicine. (2013, 22 de noviembre). Mecanismos de resistencia a los antidepresivos. NIH. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3837246/
Olguín, M., Nuñez, M., & Torres, R. (2019, 2 de abril). UNAM atiende depresión con estimulación magnética transcraneal. Gaceta UNAM. https://www.gaceta.unam.mx/unam-atiende-depresion-con-estimulacion-magnetica-transcraneal/
Organización Panamericana de la Salud. (s.f.). Depresión. PAHO. https://www.paho.org/es/temas/depresion
Turbiani, R. (2019, 10 de octubre). Depresión resistente: por qué los antidepresivos no siempre funcionan y qué alternativas ofrece la ciencia en esos casos. BBC Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-50000374
Universidad Nacional Autónoma de México. (2023, 25 de diciembre). Alertan por depresión resistente a fármacos. UNAM Global. https://unamglobal.unam.mx/global_revista/alertan-por-depresion-resistente-a-farmacos/
Burnout y la normalización del cansancio
Por: Psic. Jessica Minerva Delgado González | 27 de junio de 2026
"¿Cómo estás?"
"Cansado, pero bien."
La respuesta parece inofensiva y tan cotidiana que apenas llama la atención. Sin embargo, quizás uno de los fenómenos más preocupantes de nuestra época es que hemos aprendido a vivir cansados y, peor aún, a considerar ese agotamiento como una prueba de compromiso, productividad o incluso éxito.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el burnout como un fenómeno asociado al estrés laboral crónico que no ha sido manejado adecuadamente. Este se caracteriza por tres dimensiones principales: agotamiento físico y emocional, distanciamiento o cinismo hacia el trabajo y una disminución en la eficacia profesional (OMS, 2019).
Aunque el burnout se refiere específicamente al ámbito laboral, el lenguaje cotidiano ha ampliado el concepto hasta convertirlo en una descripción general del modo de vida contemporáneo.
El filósofo surcoreano-alemán Byung-Chul Han, en "La sociedad del cansancio", sostiene que las formas de control social han cambiado. Ya no vivimos bajo una sociedad disciplinaria basada únicamente en prohibiciones y mandatos externos; ahora habitamos una "sociedad del rendimiento", donde la exigencia proviene del propio individuo. Paradójicamente, esta aparente libertad conduce a una forma de autoexplotación. Ya no es necesario que alguien nos obligue a trabajar más: nosotros mismos asumimos la tarea de exigirnos constantemente. Han argumenta que muchas de las patologías psicológicas contemporáneas —como el agotamiento, la depresión y la fatiga crónica— son consecuencia de este exceso de positividad y de una cultura obsesionada con el rendimiento (Han, 2012).
Quizá una de las consecuencias más preocupantes de la normalización del cansancio es que hemos dejado de verlo como una señal de alarma para empezar a considerarlo una parte inevitable de la vida. En una cultura que premia estar siempre ocupados y disponibles, vivir agotados parece haberse convertido en algo normal e incluso digno de admiración.
Las investigaciones sobre recuperación psicológica muestran además que el descanso y la desconexión no son simplemente momentos en los que dejamos de trabajar. En realidad, constituyen procesos esenciales para recuperar los recursos emocionales y cognitivos que se desgastan con las exigencias de la vida diaria (Sonnentag & Fritz, 2007). Dicho de otro modo, el autocuidado no es un lujo ni una muestra de egoísmo; es una condición necesaria para mantener el bienestar y sostener una vida con sentido.
En este punto, las reflexiones de Byung-Chul Han (2012) adquieren una vigencia particular. Si la sociedad contemporánea ha convertido el rendimiento en una forma de identidad y ha hecho que seamos nosotros mismos quienes nos exijamos constantemente, entonces recuperar el derecho al ocio, a la pausa y a la desconexión puede entenderse como una forma de resistencia. Porque, al final, quizá la pregunta importante ya no sea cómo hacer más cosas o cómo soportar más presión, sino por qué hemos llegado a aceptar como normal una vida en la que el cansancio es permanente.
Después de todo, una sociedad que presume el agotamiento como símbolo de éxito corre el riesgo de olvidar algo elemental: las personas necesitan algo más que producir. Recuperar el derecho a descansar no significa renunciar a las responsabilidades, sino reconocer que nuestro valor no puede medirse únicamente por nuestra capacidad de rendir. Cuando el cansancio deja de ser algo ocasional y se convierte en un estado permanente acompañado de irritabilidad, problemas para dormir, desmotivación o una sensación constante de estar sobrepasados, es importante recordar que buscar atención psicológica no es una señal de debilidad, sino una forma de cuidar la propia salud.
En una época que parece exigirnos estar siempre disponibles y ser cada vez más productivos, pedir ayuda también puede ser una forma de resistencia. Porque dejar de normalizar el agotamiento implica reconocer nuestros límites y entender que el bienestar no depende de cuánto somos capaces de soportar; depende de nuestra capacidad para descansar, poner límites y buscar acompañamiento profesional cuando las exigencias cotidianas han comenzado a ocupar más espacio del que deberían en nuestras vidas.
Bibliografía:
Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio (A. Saratxaga Arregi, Trad.). Herder. (Obra original publicada en 2010).
Maslach, C., & Leiter, M. P. (2022). The burnout challenge: Managing people's relationships with their jobs. The Belknap Press of Harvard University Press. https://doi.org/10.4159/9780674287297
Organización Mundial de la Salud. (2019, 28 de mayo). Burn-out an "occupational phenomenon": International Classification of Diseases. https://www.who.int/news/item/28-05-2019-burn-out-an-occupational-phenomenon-international-classification-of-diseases
Sonnentag, S., & Fritz, C. (2007). The recovery experience questionnaire: Development and validation of a measure for assessing recuperation and unwinding from work. Journal of Occupational Health Psychology, 12(3), 204-221. https://doi.org/10.1037/1076-8998.12.3.204
La salud mental estudiantil y los desafíos de la universidad contemporánea
Por: Psic. Jessica Minerva Delgado González | 12 de junio de 2026
La salud mental de los estudiantes universitarios se ha convertido en un tema cada vez más visible dentro de las instituciones de educación superior. Durante los últimos años, las universidades públicas mexicanas han observado un aumento en las solicitudes de apoyo psicológico y en los reportes de síntomas asociados con ansiedad, depresión y estrés. Un ejemplo reciente es el caso de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde aproximadamente la mitad de los estudiantes de nuevo ingreso reportó experimentar señales relacionadas con ansiedad, depresión u otro tipo de malestar psicológico . Aunque estos datos no implican necesariamente la presencia de un trastorno mental diagnosticado, sí reflejan una realidad que merece atención y análisis.
Desde la psicología, este fenómeno no debería interpretarse únicamente como una suma de problemas individuales. Cuando una proporción tan amplia de estudiantes manifiesta algún grado de malestar emocional, resulta pertinente preguntarse qué condiciones sociales, académicas e institucionales están influyendo en esta situación. El sufrimiento psicológico no ocurre en el vacío; se desarrolla dentro de contextos específicos que pueden favorecer o dificultar el bienestar de las personas.
Se ha documentado desde hace décadas que la población universitaria constituye un grupo especialmente vulnerable a problemas de salud mental. La transición hacia la educación superior implica enfrentar nuevas exigencias académicas, procesos de adaptación social, incertidumbre respecto al futuro profesional y, en muchos casos, dificultades económicas. Estudios realizados con estudiantes universitarios mexicanos han encontrado asociaciones significativas entre síntomas de ansiedad y depresión, sobrecarga académica, hábitos de sueño deficientes y estilos de vida poco saludables (Jaen-Cortés et al., 2020). Asimismo, investigaciones desarrolladas en universidades mexicanas han señalado que el estrés académico, la ansiedad y la depresión pueden afectar de manera importante el rendimiento académico y la calidad de vida de los estudiantes (Arzate Salgado, 2020).
Sin embargo, una lectura exclusivamente clínica del problema podría resultar insuficiente. En ocasiones, el debate sobre salud mental en las universidades se centra casi exclusivamente en ampliar la oferta de atención psicológica, aumentar el número de terapeutas o fortalecer los mecanismos de detección de trastornos. Sin duda, estas acciones son necesarias y deben fortalecerse. No obstante, existe el riesgo de asumir que el malestar estudiantil es únicamente una cuestión individual que debe resolverse mediante intervención psicológica, dejando de lado los factores estructurales que contribuyen a su aparición.
Desde una perspectiva más amplia, conviene reconocer que muchas de las experiencias reportadas por los estudiantes están vinculadas con condiciones propias de la vida universitaria contemporánea. La presión por mantener un altorendimiento académico, la competencia constante, la incertidumbre laboral, la necesidad de combinar estudio y trabajo, así como las secuelas sociales y emocionales derivadas de la pandemia, forman parte del contexto en el que los jóvenes construyen su experiencia educativa. De hecho, autoridades universitarias de la UNAM han señalado que el incremento en la percepción de problemas emocionales entre los estudiantes podría estar relacionado con experiencias de soledad, dificultades para establecer relaciones sociales y sentimientos de abandono que se intensificaron después de la emergencia sanitaria (Hernández Osorio, 2026).
En este sentido, las universidades públicas enfrentan un desafío complejo. Aunque muchas instituciones han desarrollado programas de atención psicológica y estrategias de acompañamiento, la magnitud del problema parece superar la capacidad de respuesta disponible. Más que cuestionar la existencia de estos esfuerzos, resulta necesario reflexionar sobre sus alcances y limitaciones. Si una parte significativa de la comunidad estudiantil experimenta malestar emocional, quizá sea momento de preguntarse no sólo cómo atender a quienes sufren, sino también cómo construir entornos educativos que promuevan el bienestar psicológico de manera preventiva.
La psicología ha insistido en la importancia de comprender la salud mental desde una perspectiva ecológica e integral, donde las características individuales interactúan con factores familiares, sociales, económicos e institucionales. Desde este enfoque, la universidad no es únicamente un espacio de formación académica, sino también un entorno que influye directamente en el desarrollo emocional de quienes la habitan. Por ello, las estrategias de promoción de la salud mental deberían incluir no sólo servicios clínicos, sino también acciones orientadas a fortalecer redes de apoyo, generar comunidades más inclusivas, revisar prácticas académicas que favorezcan el agotamiento y promover una cultura universitaria que reconozca el bienestar como parte fundamental del proceso educativo.
Escuchar el malestar de los estudiantes implica ir más allá de los diagnósticos y las estadísticas. Significa reconocer que las emociones que expresan los jóvenes pueden ofrecer información valiosa sobre las condiciones en las que estudian, se relacionan y proyectan su futuro. Cuando una proporción importante de estudiantes reporta dificultades emocionales, la discusión sobre salud mental deja de ser un asunto de casos particulares y se convierte en una oportunidad para reflexionar sobre las características de la experiencia universitaria contemporánea. Tal vez el verdadero desafío no consista únicamente en ampliar los servicios de atención psicológica, sino en comprender qué nos está diciendo el malestar de los estudiantes acerca de las condiciones en las que se desarrolla hoy la experiencia universitaria.
Fuentes:
Arzate Salgado, N. A. (2020). Diagnóstico de la salud mental de los estudiantes de la Licenciatura de Médico Cirujano en la Unidad Académica Profesional Chimalhuacán de la Universidad Autónoma del Estado de México. Revista Electrónica de Psicología Iztacala, 23(1), 322–346.
Hernández Osorio, L. (2026, 20 de abril). Con malestar mental, mitad de alumnos de nuevo ingreso de la UNAM. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/20/sociedad/con-malestar-mental-mitad-de-alumnos-de-nuevo-ingreso-de-la-unam
Jaen-Cortés, C. I., Rivera-Aragón, S., Velasco-Matus, P. W., Guzmán-Álvarez, Á. O., & Ruiz-Jaimes, L. (2020). Ansiedad y depresión en estudiantes universitarios: Factores asociados con estilos de vida no saludables. Revista Latinoamericana de Medicina Conductual, 10(1), 1–15.
Rocha, H. M., & Ortega-Soto, H. A. (1995). La depresión en los estudiantes universitarios de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales, Plantel Aragón. Salud Mental, 18(2), 31–37.
Cuando amar un escudo significa odiar al otro: Fútbol, Identidad y Violencia
Por: Psic. Ximena Galván Osorio | 29 de mayo de 2026
Como seres humanos podemos desarrollar cariño y apego hacia las cosas que nos gustan, a pesar de que cada uno de nosotros es diferente ya sea en gustos, personalidad o intereses; existen cosas que tenemos en común con las demás personas. Uno de los temas que se tienen en común con la mayoría de regiones o naciones es el amor al deporte, en específico al fútbol; el deporte más famoso a nivel mundial.
El pertenecer a la afición de algún equipo de fútbol es de gran importancia para la mayoría, pues representa una parte de nuestra propia identidad, ya que muchas veces nos podemos identificar, ya sea por las experiencias, ideas, símbolos o valores compartidos, por lo tanto, se convierte en una construcción de la identidad misma. Cabe recalcar que la identidad puede ser compleja, debido a que se ven involucrados varios elementos y factores; convirtiéndose así en un elemento con el que podemos interactuar, coincidir o anclarnos con los demás.
No podemos hablar de identidad sin mencionar el sentido de pertenencia, este sentimiento no solo es una conexión con algún grupo o comunidad, sino que también representa la necesidad de ser aceptados, valorados y reconocidos por los demás. El sentirnos parte de algo puede representar un gran apoyo emocional, además que puede contribuir a darle significado a nuestra vida.
En psicología, la pertenencia está ligada con el apego que se experimenta hacía el grupo del que nos sentimos parte. Este apego puede ser beneficioso, pues facilita la cooperación entre individuos y puede contribuir a la construcción de la autoestima y de la identidad. El psicólogo Abraham Maslow menciona en su Teoría de Jerarquía de Necesidades, que es de suma importancia la necesidad de pertenencia o la necesidad social.
Según Sánchez Vidal (2001), el sentido de comunidad tiene un núcleo importante en torno a la interacción social entre los miembros de un colectivo y se complementa con la percepción de arraigo territorial y un sentimiento general de mutualidad e interdependencia. En otras palabras Sánchez Vidal recalca que el sentido de comunidad aparece cuando las personas sienten que forman parte de un grupo unido, ya sea porque las personas conviven, se ayudan y muestran señales en donde se manifiesta una interacción. Además de que las personas sienten apego o pertenencia hacía un lugar o comunidad porque perciben que pertenecen ahí.
La afición puede verse como un fenómeno que puede estar motivado por el sentimiento de pertenencia, ya que nos podemos sentir identificados con los deportistas, e incluso sentirnos unidos emocionalmente. No obstante, pueden surgir dificultades o problemáticas entre comunidades, en este caso deportivas. Esto aparece cuando los aficionados sienten que algunas personas no pertenecen a su grupo, y por lo tanto, suelen entrar en conflicto, pues no olvidemos que los eventos deportivos se caracterizan por la alta competitividad que existe entre atletas de distintas naciones.
Por otra parte, la Teoría de la Identidad Social menciona que enfrentarnos a otros grupos tiende a hacer crecer la preferencia hacia aquel del cual nos sentimos parte. Como consecuencia de esto es frecuente los enfrentamientos entre porras de los equipos involucrados. Al defender nuestro círculo se puede defender indirectamente nuestra identidad como miembros de esa comunidad con la que nos sentimos identificados.
La conducta humana suele ser compleja, pues no depende de un solo factor o causa, ya que se ve influenciada por estímulos internos o externos. A menudo se buscan los motivos o razones del porqué una persona presenta dicho comportamiento, pero este puede ser manifestación de lo que a el individuo le interesa o necesita, con lo que se siente identificado o de donde el individuo se percibe como parte de ese grupo o grupos.
La tendencia al favoritismo endogrupal respondería a la necesidad de mantener el carácter distintivo positivo del propio grupo, es decir que se distingue favorablemente de otros grupos, pues ello repercute en la autoestima personal (Lois et al., 2012). Así mismo el favoritismo hacía el propio grupo no implica necesariamente hostilidad hacía otros grupos. Esta transición del favoritismo endogrupal a la hostilidad exogrupal suele venir marcado por la amenaza. Este sesgo que se desarrolla hacía un grupo externo, puede provocar sentimientos e ideas negativas sobre personas que no forman parte del grupo, por lo que se puede desarrollar hostilidad aunque no se sepa nada sobre ellos.
En consecuencia se trata a las personas de manera diferente, de esta forma se rechaza de manera injusta y puede conducir a que exista discriminación y prejuicios. Es por esto que los fanáticos de los equipos deportivos rivales suelen describir a sus oponentes con cualidades desfavorables, o incluso ofensivas, por consiguiente puede convertirse en violencia física, porque indirectamente representa una amenaza.
Esto conlleva a una problemática real y frecuente, pues el sentido de pertenencia puede tener un lado negativo, ya que puede reforzar dinámicas de grupo que excluyen a otros, y en contextos extremos, facilitar la radicalización y la violencia grupal (Handle & Scheuble, 2021).
No todo en el deporte es malo, porque promueve valores, afiliación, cooperación y el trabajo en equipo. El mantener una afición sana no es imposible, es por esto que deben de crearse entornos sanos donde lideré la tolerancia y el respeto mutuo; de esta manera se fomenta la cohesión grupal, la seguridad psicológica y la identidad colectiva en equipos deportivos, especialmente en contextos de incertidumbre. (Kostrikova & Danyshchuk, 2025).
Por lo tanto se debe promover un ambiente que respete la diversidad, perspectivas y dejar de ver a otros grupos como “ajenos” o inferiores a nosotros, porque cada uno comparte el mismo cariño, la misma euforia por algo que nos une; el deporte.
Fuentes:
Centro de Psicología Clínica Aragón. (2015, marzo 2). La identidad y el sentimiento de pertenencia. Alar con Psicólogos. https://alarconpsicologos.com/2015/03/02/la-identidad-y-el-sentimiento-de-pertenencia/
Gutiérrez, D. (2022, marzo 17). Sentido de Pertenencia. Coaching Deportivo. https://www.coachingdeportivo.com/blog/sentido-de-pertenencia/
Handle, J., & Scheuble, S. (2021). The role of sports in violent right-wing extremist radicalisation and P/CVE. https://home-affairs.ec.europa.eu/system/files/2021-04/ran_role_of_sports_in_violent_right-wing_extremist_radica_pcve_2021_en.pdf
Huerta, A. (2018). El sentido de pertenencia y la identidad como determinante de la conducta, una perspectiva desde el pensamiento complejo. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2448-85502018000100083
Kostrikova, K., & Danyshchuk, A. (2025). Stage-based team development in education and sport: Reflections on structured interventions in post-crisis Ukraine. https://open-research-europe.ec.europa.eu/articles/5-213/pdf
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